Tres días en familia por Porto

En familia por Porto, descubra el patrimonio histórico de la ciudad, descanse en sus espacios verdes, deguste la gastronomía local y comparta sonrisas y experiencias inolvidables.

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Con un centro rebosante de historia, museos de arte, jardines y playas, Porto pone a su disposición un amplio abanico de actividades para que pase unas vacaciones en familia. Tres días son suficientes para saborear los múltiples encantos que la ciudad y sus alrededores tienen para ofrecer: desde la iniciación al surf, hasta el arte contemporáneo.

Primer día: a pie por Porto

El río Douro domina el paisaje portuense: está ahí, debajo de los múltiples puentes de la ciudad y se puede contemplar desde la Ribera o al lado de las bodegas del vino de Porto, en la orilla vecina de Vila Nova de Gaia.

Desde la orilla, el paisaje es impresionante. Sin embargo, todavía es posible vivir una experiencia aún más gratificante: imagínese navegando por el Douro y pasando por debajo de los seis puentes de la ciudad. Una travesía en los típicos barcos rabelos ―que servían para transportar vino desde la región del Douro en Trás-os-Montes hasta Porto y Vila Nova de Gaia― es una de las muchas alternativas para explorar la ciudad en familia.

A pie o en bicicleta (existen varias empresas que las alquilan), inicie su paseo en la Ribera, con o sin viaje en barco rabelo. A continuación, explore las callejuelas del centro histórico, clasificadas por la UNESCO como patrimonio inmaterial de la humanidad. En estas calles y plazas se conservan vestigios de la ocupación humana y las arquitecturas de distintas épocas: toda una «clase» en familia.

El Palacio de la Bolsa es una visita obligada que le deslumbrará con su restaurado Salón Árabe, la joya de este monumento del siglo XIX, símbolo del Porto comercial.

Solo unos pocos minutos a pie separan la Ribera de todo un monumento, la Catedral. Aproveche la vista panorámica de la ciudad para recuperar fuerzas y baje a pie hasta la estación de tren de São Bento. Fíjese en los azulejos del vestíbulo de la entrada: son 20 000. Jorge Colaço se encargó de pintarlos para ilustrar la evolución del transporte y contar una parte de la historia de Portugal.

En el centro histórico, todo son subidas y bajadas; por ello, prepárese para subir la calle 31 de Janeiro hasta la calle Santa Catarina, la más comercial de la ciudad. Tómese un respiro en el Café Majestic, considerado por muchos como uno de los más bonitos del mundo. En esa misma calle, tiene a su disposición muchas otras alternativas para disfrutar de una comida en familia.

Segundo día: en tranvía por la parte baja

Dicen que es la mejor muestra del alma de la ciudad y, por lo tanto, una excelente forma de iniciar su segundo día en familia por Porto. En el Mercado do Bolhão (el más conocido de la ciudad), los vendedores pregonan las virtudes de sus verduras, pescados, carnes o flores para atraer la atención de los clientes.

Recorra la calle de Santa Catarina y sus múltiples tiendas hasta llegar a la Plaza de la Batalla, sede del Teatro Nacional São João. Ha llegado la hora de subirse en un medio de transporte típico de Porto. A pesar de que la primera línea de tranvía de Porto se inauguró en 1872, este medio de transporte no es cosa del pasado. El circuito «Porto Tram City Tour», en el que funcionan vehículos completamente restaurados de las décadas de los 20, 30 y 40, cuenta con tres líneas que recorren zonas emblemáticas de la ciudad, desde las orillas del río hasta la parte baja de Porto.

En esta plaza, es posible subirse a la línea 22, que discurre por las calles más conocidas del centro de Porto en un trayecto circular entre la Batalla y la Iglesia del Carmo, construida en la segunda mitad del siglo XVIII.

Desde la Iglesia del Carmo, uno de los edificios más sobresalientes del rococó portuense, continúe caminando por la calle de Cedofeita hasta la calle de Miguel Bombarda. Sin embargo, antes de nada, haga estas dos cosas: visite la librería Lello, una de las más hermosas del mundo (puede contar a su familia que estas extraordinarias escaleras sirvieron de inspiración a J. K. Rowling, autora de la saga Harry Potter, quien vivió en Porto) y, en la Torre de los Clérigos, tan emblemática de la ciudad, comparta el desafío de subir cada uno de los peldaños hasta alcanzar los 75 metros de altura.

Cuando ponga un pie en la calle de Miguel Bombarda, se dará cuenta en seguida de que se trata del barrio artístico de Porto. La creatividad de los artistas y los nuevos empresarios que dinamizaron la parte baja de Porto en los últimos años fluye por todas partes, aquí y allá. Visite las distintas galerías de arte y las nuevas tiendas que apuestan por la innovación (desde la artesanía portuguesa reinventada por los diseñadores, a las action figures de la cultura popular).

Muy cerca de aquí se sitúan los jardines del Palacio de Cristal, la mayor zona verde de la parte baja de Porto. Diseñados en el sigo XIX, estos románticos jardines acogen árboles de todo el mundo: palmeras californianas, hierbas aromáticas, castaños de la India, rosas... que se organizan a modo de jardines temáticos y «avenidas». Aproveche uno de sus múltiples y bucólicos rinconcitos para extender una toalla y hacer un pícnic o, simplemente, descansar.

Después de un ajetreado día, la familia se merece degustar una deliciosa cena. La francesinha es el bocadillo por excelencia de la ciudad y se puede encontrar por todas partes, con más o menos picante y con mil y una variaciones de su salsa (el alma de la francesinha). También existen multitud de restaurantes que sirven cocina tradicional portuguesa, donde los platos de bacalao ―en Portugal se come después de haberlo salado― son una buena opción para hacer las delicias de la familia.

Tercer día: arte y surf

Tras visitar el centro histórico y la parte baja, reserve un día para el resto de las zonas de la ciudad.

El museo y el Parque de Serralves son una garantía de que pasarán un estupendo día en familia. El museo, un proyecto del arquitecto Álvaro Siza, adscrito a la Escuela de Porto y Premio Pritzker en 1992, alberga exposiciones de arte contemporáneo. La entrada para el museo también permite acceder al parque, que cuenta con una extensión de 18 hectáreas y constituye una referencia de la arquitectura paisajística en Portugal.

Los domingos, aquí se desarrollan talleres para las familias. Jóvenes y adultos emprenden la aventura del descubrimiento del arte, pero también de la biodiversidad y el paisaje. ¿Observar sapos? ¿Construir máquinas y engranajes? ¿Desarrollar una colección de plantas? Todo es posible el domingo en Serralves.

La Casa de Chá, situada en la antigua pista de tenis del Parque de Serralves, ofrece menús para los distintos momentos del día y una tienda gurmé de tés, aperitivos, vinos y mermeladas caseras. En los días más cálidos, las sillas de su terraza son un lugar codiciado.

No se marche de Serralves sin sacarse una foto de familia al lado de una paleta de jardinero de más de siete metros de altura.

Después de Serralves, descienda por la Avenida da Boavista y siga hasta la Playa Internacional, la más importante de la ciudad. Gracias al abrigo que ofrece el puerto de Leixões, el mar está en calma casi todo el año. Es por eso que se ubican aquí tantas escuelas de surf. Todas ellas disponen de cursos de iniciación a los deportes acuáticos.

En sus alrededores se sitúa el Sea Life, un acuario con tiburones, peces tropicales y muchas otras especies marinas. En el interior del «túnel del océano» se sentirá como pez en el agua (mucha agua, en concreto, 500 mil litros). En las piscinas rocosas, los más pequeños podrán tocar una estrella de mar o jugar con erizos de mar. Si tiene tiempo y desea entrar en contacto con otras formas de vida animal, el Zoo Santo Inácio de Vila Nova de Gaia es el más grande del norte de Portugal.

En tierra firme, al lado del Sea Life, el Parque de la Ciudad es el pulmón principal de Porto y una de las zonas más buscadas para salir a correr, a pasear o, simplemente, a descansar en la hierba. Los más pequeños podrán liberar energía mientras buscan los patos, los cisnes, los gansos y otras especies que habitan en estas 83 hectáreas.

Desde el Parque de la Ciudad es posible acceder al Pabellón del Agua, donde se puede componer música, percibir la dinámica de las olas y visualizar imágenes en tres dimensiones a través de ilusiones ópticas.

Cómo llegar

Existen varios enlaces directos a la ciudad de Porto. Si opta por una aerolínea de bajo coste, dispone de conexiones desde Londres (Stansted y Gatwick), Birmingham, París (Beauvais, Orly, Vatry y Charles de Gaulle), Marsella, Dole, Lille, Estrasburgo, Tours, St. Etienne, Burdeos, Lyon, Nantes, Madrid, Barcelona (El Prat), Valencia, Milán (Bergamo), Roma (Ciampino), Bruselas (Charleroi y Zaventem), Eindhoven, Maastricht, Ámsterdam, Ginebra, Basilea/Mulhouse, Dortmund, Frankfurt (Hahn), Karlsruhe (Baden), Nuremberg, Hamburgo (Lübeck), Múnich (Memmingen) y Düsseldorf (Weeze).

En verano, existen aerolíneas de bajo coste que vuelan desde Liverpool, Dublín, Bolonia, Toulouse, Clermont–Ferrand, Carcasona, La Rochelle, Limoges, Rennes, Las Palmas, Palma de Mallorca, Tenerife y Bremen.

En cuanto a las aerolíneas tradicionales, puede viajar a Porto desde Londres (Gatwick y Heathrow), Madrid, Barcelona, Múnich, Frankfurt, París (Orly), Caracas, Ginebra, Luxemburgo, Ámsterdam, Milán (Malpensa), Zúrich, Nueva York, São Paulo, Río de Janeiro, Bruselas (Zaventem), Roma (Fiumicino), Toronto y Luanda. En verano, también puede hacerlo desde Montreal, Brest y Brive.

Desde el Aeropuerto Internacional Francisco Sá Carneiro, puede acceder directamente al metro: la línea E lo transportará hasta el centro de la ciudad en apenas 30 minutos.

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