Por los secretos de la Ruta de la Tierra Fría

En la Ruta de la Tierra Fría Transmontana - que se extiende por los municipios de Bragança, Miranda do Douro, Mogadouro, Vimioso y Vinhais - encontrarás aldeas, villas y ciudades repletas de patrimonio, cañones, valles, montañas magníficas y gastronomía única.

Traditional Smoked Sausages CC BY-NC-ND - Associação de Turismo do Porto e Norte, AR

Cidadela Bragança CC BY-NC-ND Município Bragança

 
 

Por qué ir

  • Historia y cultura
  • Patrimonio
  • Aire libre
  • Naturaleza
  • Gastronomía y Vinos

Son 455 kilómetros a lo largo de Bragança, Miranda do Douro, Mogadouro, Vimioso y Vinhais, cinco de los doce municipios del distrito de Bragança. La Ruta de la Tierra Fría Transmontana es larga, pero se hace al ritmo de la voluntad y tiempo de cada visitante. Si la haces completa tendrás 11 tramos por delante. Pero puedes comenzarla en cualquiera de las 11 Portas dos Troços (Puertas de los Tramos), el nombre dado a las articulaciones de la ruta con los principales ejes locales de la red nacional de carreteras.

La ruta recorre aldeas, villas y ciudades, castillos e iglesias de tiempos antiguos que el pueblo ha ido conservando, valles encajados, vistas deslumbrantes sobre el Duero y otros ríos, paisajes y poblaciones de pizarra y granito, prados de cenagal, bosques de melojo, sotos de castaños, hectáreas de almendros (entre marzo y abril, los almendros están en flor, y pintan el paisaje de blanco y rosa).

Visitar la región en verano es encontrar un clima cálido y seco. En invierno, sin embargo, el frío, la lluvia y la nieve, sobre todo en la sierra de Montesinho y en otros puntos altos, marcan la vida local y el paisaje. El clima diverso y la mano humana explican la diversidad de los paisajes.

La Ruta de la Tierra Fría Transmontana puede hacerse en coche (la opción más acertada si quieres conocer a fondo este pedazo de territorio del nordeste portugués), a pie o en bicicleta. En cada una de las cinco capitales de municipio, encontramos las Portas da Rota, puntos de información (en papel o multimedia) y espacios con actividades, como acciones de degustación, eventos culturales o exhibiciones de oficios tradicionales. A lo largo del recorrido, podrás también contar con la ayuda de quioscos multimedia, ubicados en las Portas dos Troços.

El primer tramo comienza en la aldea de Quintanilha – la puerta de la ruta más cercana a la frontera con España – y termina en Avelanoso. En Quintanilha, verás la Capilla de Nossa Senhora da Ribeira, un templo gótico del siglo XIII. Verás la imponente Basílica del Santo Cristo, en Outeiro. Pasarás por la villa de Vimioso. Y descubrirás pequeñas aldeas hechas de pizarra, que serán una constante a lo largo de la Ruta de la Tierra Fría.

El segundo tramo (Avelanoso – Constantim) es el más corto de la ruta. Merece la pena parar en S. Martinho de Angueira, sobre el río Angueira. Esta población existe por lo menos desde el siglo XIII. Un desvío de cerca de cinco kilómetros en la ruta nos lleva al Santuario de la Senhora do Nazo, devoción que se cree que tiene origen medieval – fíjate en el templo principal, cuya posición garantiza vistas que cortan la respiración sobre la planicie, y las cinco capillas que lo rodean.

Llegados a Constantim, iniciamos el tercer tramo, rumbo a Sendim. En la iglesia parroquial de Constantim tenemos derecho a una de las más bellas panorámicas de la región – la vista se extiende por toda la planicie hasta las sierras de Montesinho, Nogueira, Bornes y Mogadouro (incluso se ve la población española de Brandilanes). Déjate impresionar por los “Cañones del Duero”, altas arribes por donde vaguean aves de rapiña, especialmente la enorme águila real y, en verano, el alimoche.

Todavía en el tercer tramo, Aldeia Nova merece una visita debido a la capilla de S. Juan y al Castro de S. João das Arribas. No muy lejos de allí se encuentra la ciudad de Miranda do Douro, cuya parte antigua es un punto de visita obligada, como su catedral, con retablos de excepcional valor. Miranda do Douro es también famosa por sus tradiciones – de los Pauliteiros de Miranda, practicantes de una danza guerrera, al mirandés – y gastronomía (la posta mirandesa es referencia nacional).

Llegados a Sendim, tierra del famoso encuentro de música folk, el Festival Intercéltico de Sendim, partimos hacia el cuarto tramo. El destino es la pequeña y encaramada villa de Mogadouro, y el camino está lleno de sorpresas.

En la aldea de Palaçoulo podemos comprar una navaja forjada artesanalmente por cuchilleros. En Tó la iglesia parroquial de Santa María Magdalena es de las más famosas (y bien conservadas) del municipio de Mogadouro. En Ventozelo podrás apreciar los frescos del siglo XVIII y las figuras de la Vía Sacra, a tamaño real, en la capilla del Señor de la Buena Muerte, que los Távoras mandaron construir a finales del siglo XVII. Si vas en coche, aparca en Urrós y recorre la pista de tierra que te llevará, por entre viñas, olivos y almendros, hasta las orillas del Duero. Encontrarás una de las más bellas vistas que tiene el río.

En Mogadouro visita el centro de la villa y el castillo, con la torre del homenaje y algunos tramos de muralla que todavía se conservan. Es el punto de partida del quinto tramo, que pasa por tres ríos que alimentan al Duero – el Angueira, el Sabor y el Azibo. Pasarás por Castro Vicente, con patrimonio como la capilla del Senhor da Fraga, y por Penas Roias, que llegó a ser capital de municipio, y se conoce hoy por su castillo y por la “Fraga da Letra”, donde existe un conjunto de pinturas esquemáticas que se consideran originarias del siglo II a.C,

Dos especies de árboles dominan el sexto tramo (Algoso – Salsas): el olivo y el castaño. A más de 600 metros de altitud, en un peñasco sobre el río Angueira, surge el pequeño castillo de Algoso, con una larga historia de ocupación iniciada en la Edad del Bronce y terminada en la Edad Moderna. Uva es una de las muchas aldeas de la Tierra Fría donde la arquitectura popular marca el paisaje – la vemos en las casas de piedra de pizarra y en los más de 30 palomares, algunos de los cuales están recuperados.

El río Sabor hace de frontera entre Vimioso y Bragança. Llegamos a Izeda, la más importante población del municipio de Bragança, después de la capital. Una visita al Núcleo Museológico de Izeda, un antiguo lagar transformado en espacio de divulgación del aceite, nos enseña cómo funcionaban los antiguos lagares de aceite.

De la pequeña población de Salsas a Zoio se hace el próximo tramo. En nuestra mirada estará siempre la sierra de Nogueira y sus extensiones de melojo. Una visita a Santa Comba de Rossas nos revela lo que queda de la antigua estación de la Línea del Tua. En los tiempos dorados del ferrocarril portugués fue la estación más alta del país (está situada a 849 metros de altitud). Junto a la indicación a la derecho hacia Paçó verás una curiosa parada de transportes públicos, con tejado y chimenea – una forma de hacer frente a los rigurosos inviernos. No será la única que encontraremos en la Ruta de la Tierra Fría.

Le gustará

  • Recorrer el centro histórico de Bragança, una perla bien conservada.
  • Fotografiar Rio de Onor, tal vez la más emblemática de las aldeas del nordeste de Portugal.
  • Reservar un día para hacer un crucero ambiental en el parque natural de Douro Internacional. La salida se realiza en Miranda do Douro y durante el recorrido podrás observar las aves que habitan en las escarpas del río Duero.

Paralela a la autovía, una carretera llena de curvas nos lleva a Bragança. Merece la pena el desvío de la ruta para conocer la capital del municipio. La visita a Bragança no estará completa sin pasar por la antigua catedral y por el castillo, edificado en el siglo XIII. En el centro histórico medieval, aún guardado por murallas, está uno de los más importantes testimonios de la arquitectura civil medieval en Portugal, la Domus Municipalis. Allí se reunía el senado de la ciudad.

Otro desvío en la ruta nos lleva a Castro de Avelãs, monumento nacional donde se conserva la cabecera de la iglesia de un antiguo monasterio cluniacense, posiblemente anterior al siglo XII.

La pequeña aldea de Zoio marca el inicio de otro tramo, el octavo. La iglesia parroquial merece una visita, sobre todo por su interior, pero en este tramo tenemos un destino marcado: la villa de Vinhais y sus delicias gastronómicas. El camino, que incluye un descenso por el valle del Tuela, nos ofrece vistas magníficas para aguzar el apetito: chopos, alisos y fresnos que jalonan las líneas de agua; robles y castaños seculares, gigantescos.

Junto al medieval Puente de Ranca, puedes hacer un picnic o una simple pausa junto al río Tuela antes de dirigirte a Vinhais. Ya en la villa, entra en el centro histórico por la puerta principal de la antigua fortaleza, busca la iglesia parroquial y descubre el cruceiro. Visita el Solar de los Condes de Vinhais, ahora transformado en centro cultural, y el Solar de Corujeira. Admira los retablos barrocos de la iglesia del convento de S. Francisco y de la capilla contigua.

Vinhais es una excelente opción para conocer la gastronomía de la región. No es casualidad que se celebre aquí una importante feria del fumeiro – estamos en una especie de capital del arte de exponer al humo las carnes, para conservarlas y darles sabor. Junto con la calidad de las carnes, el fumeiro hace del jamón, el salpicão, el butelo, las alheiras, las longanizas y otros tipos de chorizo, dulces o salados, de Vinhais, manjares conocidos en todo el país. Antes de dejar la villa, visita el Parque Biológico de Vinhais para conocer el patrimonio natural de la región.

El noveno tramo comienza en Sobreiró de Cima. Seguimos por las orillas del Rabaçal hasta las mayores altitudes de la sierra de Coroa. La aldea de Tuizelo justifica una visita, sobre todo a la iglesia barroca, que cuenta con una gran nave y retablos de talla dorada. En Vila Seco, pide a los habitantes que te muestren las bodegas enterradas – una forma de proteger el vino del clima riguroso.

Merece la pena parar en Moimenta, inicio del décimo tramo, para conocer la vida comunitaria de esta aldea. Algunos trabajos comunitarios – era, molinos, lagares, fuentes y forja – aún se conservan, convirtiendo a Moimenta en una de las más interesantes aldeas de la Tierra Fría. Recorremos media falda de la sierra de Montesinho hasta llegar a Rio de Onor, tal vez la más emblemática de las aldeas del nordeste de Portugal.

En Rio de Onor, parte del Parque Natural de Montesinho, es donde comienza el último tramo de esta ruta, que terminará donde hemos comenzado (Quintanilha). Como en la Edad Media, Rio de Onor se mantiene como una aldea comunitaria, como atestigua el hecho de compartir hornos, terrenos agrícolas, molinos o incluso un rebaño, pastoreado a la vez por los vecinos en los terrenos que son de todos.

Las casas de pizarra proporcionan imágenes dignas de postal. La playa fluvial, junto a las aguas cristalinas del río Onor (o Contensa, como muchos lo llaman también), invita a un merecido descanso, después de tantos kilómetros a la descubierta de la Tierra Fría.

Necesita saber

  • En cada una de las cinco capitales de municipio de la Ruta de la Tierra Fría Transmontana hay una Puerta de la Ruta, donde podrás obtener información en formato papel o digital.
  • Podrás hacer la Ruta de la Tierra Fría en cualquier época del año, pero si escoges el invierno es posible que encuentres nieve y hielo en la carretera.
  • Si quieres probar los sabores locales, febrero es una buena época para la visita. En este mes es cuando tiene lugar la Feria de Fumeiro de Vinhais.

Una región a la mesa

El cerdo bísaro es uno de los reyes de la gastronomía regional, conocida en todo el país, al igual que el filete de ternera de raza autóctona (la posta mirandesa, tan famosa como suculenta, que solo necesita sal y brasas en las cantidades adecuadas para servirse).

La región es famosa por la posta y los embutidos (de la alheira al butelo, de la chouriça de bofes al salpicão), pero tiene otras delicias por descubrir: las “broinhas de nozes à moda de Bragança”, el folar, el cabrito de Montesinho, el cordero asado, el congrio ensopado, las truchas, las muchas variedades de setas…

Concentrémonos en el cerdo bísaro, especie reina entre los ahumados tradicionales de la región. La conexión de la Tierra Fría con este animal dura desde hace siglos, como revelan las varias esculturas de cerdos bísaros distribuidas por los pueblos. Estamos lejos de la producción animal a gran escala, lo que también explica la calidad única de estas carnes. Aquí, el cerdo se alimenta a base de productos naturales de la propia explotación agrícola – castaña, berenjena, patata, col, nabo, entre otros.

Si buscas conocer la gastronomía de la Tierra Fría, visita la Feria del Fumeiro de Vinhais, uno de los mayores eventos gastronómicos del país. Tiene lugar todos los años en febrero.

Máscaras y hablas

En casi todas las aldeas del nordeste transmontano, entre el día de navidad y el día de reyes, tienen lugar varios rituales famosos conocidos como Festas dos Rapazes (Fiestas de los Chicos).

Estas celebraciones paganas del solsticio de invierno tienen orígenes remotos, se piensa que anteriores a la cristianización de la Península. El nombre se refiere al hecho de que los miembros más jóvenes de la comunidad son las estrellas de la fiesta, con os sus “excesos” y locuras protegidos por las máscaras artesanales que les cubren la cara. El ritual señala el paso de los jóvenes a la edad adulta.

Qué hacer

  • Descubrir los castillos de Vinhais y Mogadouro y un patrimonio religioso bien conservado en las aldeas que forman parte de la Ruta de la Tierra Fría.
  • Conocer las tradiciones y la cocina local. Los embutidos en Vinhais y la posta mirandesa en Miranda do Douro son manjares que no te puedes perder.
  • Admirar las largas extensiones de roble, castaños y almendros en las distintas sierras de la región.

En Vila Boa, en el municipio de Vinhais, hay un taller del "mascarero" que vende estas máscaras de madera, auténticos objetos de arte popular.

Otra tradición antigua es el mirandés. No es un dialecto, ni una variante del portugués, sino un idioma de pleno derecho procedente del latín. Tiene variantes locales, guadramilés, riodonorés y sendinés, hablados en las zonas de Guadramil, de Rio de Onor y de Sendim.

Todavía hoy la población local es bilingüe. Actualmente, el mirandés ya se aprende en las escuelas de la región y está oficialmente reconocido como lengua europea minoritaria y segunda lengua oficial portuguesa.

Cómo llegar

Hay varias conexiones directas hacia la ciudad de Porto. Si optas por una compañía de bajo coste, hay opciones desde Londres (Stansted y Gatwick), Birmingham, París (Beauvais, Orly, Vatry y Charles de Gaulle), Marsella, Dole, Lille, Estrasburgo, Tours, St. Etienne, Burdeos, Lyon, Nantes, Madrid, Barcelona El Prat, Valencia, Milán Bérgamo, Roma Ciampino, Bruselas (Charleroi y Zaventem), Eindhoven, Maastricht, Ámsterdam, Ginebra, Basilea/Mulhouse, Dortmund,  Frankfurt Hahn, Karlsruhe Baden, Núremberg, Hamburgo Lübeck , Múnich Memmingen y Dusseldorf Weeze.

En verano hay compañías low cost que vuelan desde Liverpool, Dublín, Boloña, Toulouse, Clermont Ferrand, Carcasona, La Rochelle,  Limoges, Rennes, Las Palmas, Palma de Mallorca, Tenerife y Bremen.

En las compañías tradicionales puedes viajar hacia Porto desde de Londres (Gatwick y Heathrow), Madrid, Barcelona, Múnich, Frankfurt, y París Orly, Caracas, Ginebra, Luxemburgo, Ámsterdam, Milán Malpensa, Luanda, Zúrich, Nueva York, Sao Paulo, Río de Janeiro, Bruselas Zaventem, Roma Fiumicino, Toronto, y Luanda. En verano, puedes también hacerlo desde Montreal, Menorca, Brest y Brive.

Desde Porto, la autopista A4 es la carretera más directa para llegar a la Tierra Fría. En 2 horas y 30 minutos, llegará a Quintanilha, aldea donde comienza la Ruta de la Tierra Fría. Bragança, la capital de distrito, se sitúa a cerca de 22 kilómetros de Quintanilha. 

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