Las aldeas vinateras en la región de Douro

Del paisaje a la gastronomía, de la arquitectura religiosa a las costumbres, hay seis aldeas que ofrecen lo mejor de Douro vinatero.

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Son aldeas con una historia milenaria íntimamente ligada al vino. Entre las centenas de aldeas situadas en la región de Douro, seis fueron escogidas en 2001 para recibir la denominación de “aldeas vinateras”.

Favaios, Provesende, Barcos, Trevões, Salzedas y Ucanha fueron las seleccionadas. En estas aldeas, resguardadas por montes y valles que cortan la respiración, encontrarás un patrimonio rico y una gastronomía deliciosa. Por ello, todas exigen una visita prolongada.

Las aldeas están especialmente animadas durante los meses de septiembre y octubre, época que coindice con el trabajo de la vendimia. Pero merece la pena visitar las seis aldeas vinateras en cualquier momento del año. Gracias al proyecto de las aldeas vinateras, buena parte del patrimonio arquitectónico y cultural de estas tierras y gentes fue recuperado y varias tradiciones – de la artesanía a la gastronomía – preservadas, fomentadas o incluso rescatadas del olvido.

Pasear por las aldeas vinateras es descubrir espacios que nos parecen casi intocados por el tiempo, por la belleza de las estrechas callejuelas, de las casas solariegas, de los solares y de las fincas, de las capillas, de las iglesias y de los monasterios. Siempre con paisajes bellísimas como escenario.

Es, en definitiva, conocer lo mejor de Douro vinatero, que la UNESCO clasificó en 2001 como Patrimonio de la Humanidad.

Favaios y Provesende

El viaje puede comenzar en Favaios, en el municipio de Alijó (Vila Real). La aldea, fijada en una vasta planicie de la falda de la sierra de Vilarelho, a tres kilómetros de la capital del municipio, es famosa por el pan casero y por el vino Moscatel, pero, a pesar de sus pequeñas dimensiones, tiene mucho más para ofrecer.

La arquitectura religiosa marcará la visita a Favaios y a las demás aldeas vinateras. Visita la iglesia parroquial de Domingos, una construcción neoclásica con el campanario más alto del municipio. Pasa por la capilla de Santa Bárbara, situada en la cima del monte de Santa Bárbara (donde además disfrutarás de un magnífico panorama sobre las viñas, valles y sierras de Douro), así como por las capillas de São Paio, del siglo XVI, y de Santo António, del siglo XVII.

La Capilla y la Casa de Santo António, uno de los más interesantes ejemplos de residencia señorial de Douro, forman parte del importante conjunto arquitectónico de Largo da Praça y de Rua Direita, construido casi todo en los siglos XVIII y XIX.

En Largo da Praça destaca el antiguo Paço do Concelho (Edificio del Ayuntamiento), hoy transformado en estación de correos, con marcas de la arquitectura erudita barroca. Ya en Rua Direita los ojos deben fijarse en la Casa Lopo Vaz Moutinho.

Favaios guarda vestigios de eras más lejanas. Fundado en la Edad del Hierro, el Castro de Vilarelho, a 820 metros de altitud, permitía el control geoestratégico del territorio. Es un poblado fortificado compuesto por dos líneas de murallas, bien conservadas, y un campo de piedras clavadas, que servía para impedir el avance de los enemigos.

En el centro de Favaios merecen nuestra atención el Solar de los Sepúlvedas y la Casa de los Távoras, antiguas casas nobles. El edificio del siglo XVIII conocido como la “Obra” formaba parte de uno de esos solares nobles. Actualmente, está instalado aquí el Museo del Pan y del Vino, que permite un viaje por la historia y el modo de fabricación de los dos manjares más famosos famosos de Favaios.

Ya con apetito, recorre las panaderías artesanales que cuecen el famoso pan en horno de leña (así como las bolas o folares de carne, de sardina, de huevos...) y visita la Bodega Cooperativa de Favaios para conocer el proceso de vinificación y degustar el famoso Moscatel. Pero la gastronomía local no se limita al pan y el vino: prueba la feijoada à transmontana, el cabrito asado, las feijocas ensopadas o las sopas de batoidea.

Antiguamente conocida como San Joanes, hoy es Provesende. En el municipio de Sabrosa (Vila Real), se sitúa una de las más antiguas poblaciones del reino portugués. Fue en esta aldea donde el viticultor Joaquim Pinheiro de Azevedo Leite Pereira (1829-1918) comenzó a combatir la filoxera, una plaga del siglo XIX que casi destruye las viñas del valle de Douro y extingue la producción de vino de Porto.

En esta aldea de la orilla norte del río Duero, situada en la cima de una planicie (sinónimo de vistas espectaculares), se encuentra la capilla de Santa Marinha, fechada del siglo IV o V, la fase final del imperio romano. Fue un templo pagano hasta ser cristianizado. Sería, después, una mezquita árabe hasta la reconquista cristiana. En su larga historia fue también monasterio benedictino.

El viaje por la historia de Provesende no quedará completo sin pasar por el castro de S. Domingos y su capilla, a 809 metros de altitud – la subida se hace divisando las terrazas vinateras y el deslumbrante valle de Douro. A pesar de encontrarse en ruinas, el castro muestra vestigios de la Edad del Hierro, especialmente restos de murallas hechas en pizarra. Pasa también por el cementerio luso-romano, en las proximidades del santuario del Señor Jesús de Santa Marinha.

Provesende fue tierra de poder y riqueza, como indican sus 11 solares y casas blasonadas: de la palaciega Casa da Calçada, a la Casa da Praça, la más antigua de Provesende (data de 1460) y a la Casa do Fundo da Vila, fundada en el siglo XVIII por un descendiente de Diogo Cão, importante navegador portugués del siglo XV.

Levantado en 1578, el cruceiro de Provesende, clasificado como Inmueble de Interés Público, también da cuenta de la relevancia política y social de la tierra. La fuente de granito, de 1755, en el centro de la aldea merece una visita. Junto a la fuente, una panadería típica mantiene los trazos del año en el que abrió sus puertas, 1940.

Barcos y Trevões

En una de las cuestas del río Távora, se sitúa Barcos, aldea del municipio de Tabuaço (Viseu). En el lugar de Santo Aleixo, en Barcos surgió el primer monasterio de la región, durante la Alta Edad Media.

La historia de Barcos se remonta por lo menos a la Edad del Bronce, según nos revelan los vestigios arqueológicos encontrados en el monte Sabroso, donde existió un castro. En la Mata da Forca hay señales de la presencia romana, especialmente en las ruinas de un lagar excavado en la roca. La aldea guarda varias marcas de otras épocas, especialmente de la Edad Media, además de diversas fincas, solares y casas señoriales que indican la relevancia de la agricultura y de la viticultura para la economía local. El Solar dos Caiados, con su capilla, es un monumento que también merece visita.

La iglesia parroquial de Barcos, datada del siglo XII, fue clasificada como monumento nacional en 1922 y es de visita obligada – puedes admirar el interior, donde destaca el retablo en talla dorada y el techo pintado que representa escenas de la vida de Cristo. También en la arquitectura religiosa, se aconseja una visita al santuario de Santa Maria do Sabroso y un paseo por el viejo camino de la Vía Sacra, que termina junto a la capilla de Santa Bárbara y cobra vida en Semana Santa. En otros tiempos, muchos pueblos tenían un “torno de los expuestos”, un mecanismo utilizado para dejar a recién nacidos al cuidado de instituciones de caridad. Hay un torno de los expuestos en Barcos.

Un paseo por Barcos debe incluir también una visita al Cruzeiro dos Centenários de Barcos, la Fuente de Largo do Adro, el antiguo Forno da Confraria y la Fonte Velha.

Una buena forma de conocer Barcos y otras zonas de Douro Vinatero es a través de dos recorridos peatonales: el primero, “Terrazas de Douro”, une Tabuaço, Barcos y Adorigo, mientras el segundo, “Historia y Naturaleza”, atraviesa Barcos y Santa Leocádia.

Octubre es un buen mes para visitar Barcos – es la época de la Fiesta de las Vendimias –, pero también lo es el Carnaval, época de varios rituales, entre los cuales está la “boda” entre los jóvenes de la localidad y la realización de competiciones de juegos tradicionales.

En cuanto a la gastronomía, Barcos presenta varias opciones sabrosas: del arroz al horno a los embutidos, sin olvidarse de los dulces tradicionales y conventuales. Entre las numerosas recetas de pastelería conventual, están los folares, los caramelos de huevo, las tartas caseras, los dulces de castañas y la sopa de castaña.

Trevões es otro punto de la ruta de aldeas vinateras, pero en esta villa del municipio de São João da Pesqueira (Viseu) la agricultura no se hace solo a partir de las viñas: hay aceite, productos de la huerta, frutas, además de maderas procedentes del pino y el eucalipto.

La fe marca la historia de la tierra, como muestran las muchas capillas y ermitas que se encuentran por aquí. Destaca la capilla de Nuestra Señora de la Concepción, del siglo XVII, situada en la plaza de la villa, y la capilla del Mártir San Sebastián, la más antigua, datada de los siglos XVI y XVI. En Semana Santa, tiene lugar la conocida Procesión del Señor de los Pasos. En el Solar del Palacio Episcopal, del siglo XVIII, descubre “el ojo del obispo”, un óculo en la fachada sur que servía para que el obispo comprobase si el número de fieles era suficiente para celebrar la misa.

El Museo de Trevões guarda y divulga la historia, la cultura, los modos de vida y las tradiciones de la aldea y de su pueblo. Muchas artes tradicionales dejaron de practicarse, pero los zapateros todavía tienen gran tradición. Antes de dejar Trevões, puedes ver cómo se produce calzado a mano.

Salzedas y Ucanha

Salzedas, aldea vinatera del municipio de Tarouca (Viseu), alberga uno de los más importantes monasterios de Portugal. Su fundación está unida a las raíces de la nacionalidad portuguesa.

El Monasterio Cisterciense de Santa María de Salzedas fue mandado construir por Dña. Teresa Afonso (1100-1171). A lo largo de los siglos, el monasterio fue remodelado varias veces. De su primitiva construcción solo se puede ver una pequeña capilla. Fueron monjes los que impulsaron el desarrollo agrícola en la región, labrando los campos en torno al monasterio, hoy monumento nacional.

Salzedas está habitada desde hace mucho tiempo – por aquí pasaron, entre otros pueblos, lusitanos, romanos, suevos, visigodos y musulmanes. Pasaron también judíos, cuya presencia es visible en el barrio de Quelho, la antigua judería de Salzedas. El lugar conserva marcas de la ruralidad de los primeros tiempos – fíjate en las plantas bajas que servían de redil para animales y en las pérgolas de madera.

Salzedas guarda una obra del famoso arquitecto y pintor Nicolau Nasoni, que diseñó la Torre de los Clérigos, en Porto – es la capilla del Destierro, del siglo XVII, que impresiona por su forma hexagonal y por los azulejos que la revisten. Merece la pena también visitar el puente románico de Vila Pouca, de un solo arco, que atraviesa el río Varosa.

Antes de salir del pueblo, no dejes de probar el Biscoito de Salzedas, también conocido como Biscoito da Teixeira. En Salzedas, este bizcocho sigue la receta tradicional de los monjes del Císter. Pero hay otro secreto de monjes que afortunadamente salió de las paredes del monasterio local: el licor de baya de sauce.

En el municipio de Tarouca hay otra aldea vinatera. Ucanha es una de las más antiguas poblaciones de la región. Los romanos hicieron de las tierras fértiles del valle del río Varosa una oportunidad para la agricultura. Más tarde, como en la vecina Salzedas, los monjes tuvieron un papel crucial en el desarrollo del pueblo. Prueba de ello son el puente fortificado (siglo XII), único en Portugal, y su respetiva torre de portazgo, que son el principal punto de visita de Ucanha.

Una visita a esta aldea no queda completa sin conocer la iglesia parroquial de San Juan Evangelista, del siglo XVII, cuyas piezas de talla dorada contrastan con la arquitectura sobria, y las ruinas de la Abadía Vieja.

Para terminar de la mejor manera este paseo por las aldeas vinateras, descubre otro vino producido en la región, el vino espumante. Prueba este vino con dulces conventuales de la región (la combinación es divina), mientras observas las aguas tranquilas del río Varosa.

Cómo llegar

Hay varias conexiones directas hacia la ciudad de Porto. Si  optas por una de bajo coste hay opciones desde Londres (Stansted y Gatwick), Birmingham, París (Beauvais, Orly, Vatry y Charles de Gaulle), Marsella, Dole, Lille, Estrasburgo, Tours, St. Etienne, Burdeos, Lyon, Nantes, Madrid, Barcelona El Prat, Valencia, Milán, Bérgamo, Roma Ciampino, Bruxelas (Charleroi y Zaventem), Eindhoven, Maastricht, Ámsterdam, Ginebra, Basilea/Mulhouse, Dortmund,  Frankfurt Hahn, Karlsruhe Baden, Núremberg, Hamburgo Lübeck , Múnich Memmingen y Dusseldorf Weeze.

En verano, hay compañías low cost que vuelan desde Liverpool, Dublín, Boloña, Toulouse, Clermont Ferrand, Carcasona, La Rochelle,  Limoges, Rennes, Las Palmas, Palma de Mallorca, Tenerife y Bremen.

En las compañías tradicionales puedes viajar hacia Porto desde Londres (Gatwick y Heathrow), Madrid, Barcelona, Múnich, Frankfurt, y París Orly, Caracas, Ginebra, Luxemburgo, Ámsterdam, Milán Malpensa, Luanda, Zúrich, Nueva York, Sao Paulo, Río de Janeiro, Bruselas Zaventem, Roma Fiumicino, Toronto, y Luanda. En verano también lo puedes hacer desde Montreal, Menorca, Brest y Brive.

Desde Porto, la autopista A4 es la carretera más práctica para llegar a la región de Douro. Para proseguir hacia Favaios y Provesende utiliza la IC5. Para visitar Barcos y Trevões sal en la A4, entra en la A24 y después continúa por la N222. Para llegar a las aldeas de Salzedas y Ucanha usa la A24 y la N226.

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